En economía, la inflación es el “la subida continuada de los precios de la mayor parte de los productos y servicios y una pérdida del valor del dinero para poder adquirirlos o hacer uso de ellos”, provocada por “el desequilibrio entre la producción y la demanda”. En la Argentina, conocemos bien esa realidad, con un aumento sostenido en el costo de vida, que repercute en forma directa en la salud financiera de los que habitan este país.
¿Qué es la inflación?
¿Por qué se le llama “inflación”? Simple: porque hace referencia a un aumento, igual que ocurre cuando algún elemento se infla y crece. Tal como señalamos, este proceso –especialmente cuando se sostiene durante largos períodos- provoca una pérdida de poder adquisitivo. La lógica es simple: con la misma cantidad de dinero podremos comprar menor cantidad de productos y pagar menor cantidad de servicios. Esta situación se agrava cuando los ingresos de los ciudadanos no crecen en sintonía con el ritmo inflacionario.
Estar al tanto de qué es la inflación es relevante, tanto como tener conocimiento respecto a la deflación, un fenómeno al quetambién escapan las autoridades económicas de los países. Ocurre que si se presenta una baja sostenida en los precios, se ralentiza el consumo y se frena el crecimiento, situaciones que suponen grandes riesgos para la economía. En los países con mayor estabilidad se calcula que la inflación ronda el 2% anual.
¿Cuáles son las consecuencias de la inflación?
Cuando los salarios e ingresos no aumentan al mismo ritmo que la inflación, ocurren consecuencias negativas, como la pérdida del poder adquisitivo (lo hemos dicho, aquello de que con la misma cantidad de dinero se accede a menor cantidad de productos y/o servicios); y la disminución del ahorro. En cambio, cuando la ciudadanía cuenta con ingresos alineados a los aumentos (eso se evidencia especialmente cuando la inflación anual es baja), las consecuencias pueden ser positivas. Por ejemplo, el alza de precio ayuda a reducir deudas de empresas y particulares; y además provoca que las personas deseen consumir en el presente para evitar pagar de más en el futuro.
Cómo se calcula y cuáles son las causas:
Para calcular la inflación existe un indicador principal: el índice de precios, que incluye el examen de bienes y servicios en un país.
Para saber cómo se genera, hay que enfocarse en cuatro variables, fundamentalmente.
Aumento de la demanda
Cuando la demanda general de bienes y servicios supera la capacidad de oferta de la economía, se produce lo que se conoce como inflación de demanda. En otras palabras, si muchas personas quieren comprar más productos de los que hay disponibles, los precios tienden a subir. Esto puede darse en períodos de crecimiento económico, aumento del empleo o expansión del crédito. En este escenario, los consumidores compiten por productos escasos, lo que hace que los precios se incrementen de manera sostenida.
Aumento de los costos de la materia prima
Este tipo de inflación se conoce como inflación de costos y ocurre cuando aumentan los precios de los insumos necesarios para producir bienes y servicios. Por ejemplo, si sube el precio del petróleo, se encarece el transporte, la producción y la distribución de múltiples productos. Las empresas trasladan estos mayores costos al consumidor final, generando subas en los precios generales. Esto también puede suceder cuando suben los salarios o los impuestos que afectan directamente a la estructura de costos de las compañías.
Aumentos en la oferta monetaria
Cuando un país emite más dinero del que su economía puede absorber, puede producirse inflación. Este fenómeno, también conocido como inflación monetaria, se basa en la teoría de que si hay más dinero circulando sin un respaldo real en producción o reservas, los precios tienden a subir. Esto suele suceder cuando los gobiernos financian gasto público emitiendo moneda, lo que puede generar una pérdida de valor del dinero y un alza generalizada de precios si no está acompañado de un crecimiento real de la economía.
Por expectativas propias
Las expectativas inflacionarias juegan un rol clave en el comportamiento de precios. Si consumidores y empresas anticipan que los precios subirán, tienden a adelantarse: los consumidores compran antes (para evitar aumentos) y los comerciantes suben los precios preventivamente. Esta dinámica puede convertirse en un ciclo que se retroalimenta, ya que las acciones basadas en la expectativa de inflación terminan generándola efectivamente. En economías con antecedentes inflacionarios, este factor puede tener un peso considerable en la evolución de los precios.
¿Cuáles son los tipos de inflación?
En función del aumento de la inflación es posible establecer estos niveles:
Deflación
La deflación se produce cuando hay una baja generalizada y sostenida de los precios de bienes y servicios en una economía. Aunque a simple vista puede parecer algo positivo para los consumidores, en realidad suele estar asociada a situaciones de crisis o recesión. Cuando los precios bajan de forma continua, las personas tienden a postergar sus compras esperando precios aún más bajos, lo que reduce la demanda, frena la producción y puede aumentar el desempleo. Además, la deflación puede hacer que las deudas se vuelvan más difíciles de pagar, ya que el valor real del dinero aumenta con el tiempo.
Inflación moderada
La inflación moderada se da cuando el aumento de precios no supera el 10 % anual. En este contexto, los precios suben de manera gradual, lo que permite a los consumidores y empresas adaptarse sin grandes sobresaltos. Muchos economistas consideran este nivel de inflación como tolerable o incluso deseable, ya que puede acompañar el crecimiento económico sin desestabilizar las finanzas personales. En contextos de inflación moderada, las decisiones de consumo, inversión y ahorro mantienen cierta previsibilidad.
Inflación galopante
La inflación galopante ocurre cuando los precios aumentan a un ritmo de dos o tres dígitos anuales, es decir, más del 10 % y hasta cerca del 100 %. Este tipo de inflación genera pérdida acelerada del poder adquisitivo, afecta la capacidad de ahorro, desalienta la inversión y obliga a empresas y trabajadores a renegociar precios y salarios con mayor frecuencia. En muchos casos, también incrementa la informalidad económica y promueve conductas defensivas como la dolarización o el acopio de productos básicos.
Hiperinflación
La hiperinflación es el nivel más extremo, con aumentos de precios que superan el 1.000 % anual. Este fenómeno provoca una pérdida total de la confianza en la moneda local, haciendo que el dinero pierda valor casi diariamente. Las personas buscan deshacerse del efectivo lo antes posible y refugiarse en activos más estables como divisas extranjeras o bienes durables. En contextos de hiperinflación, los sistemas financieros colapsan, los contratos pierden validez y se generan crisis económicas profundas, como las que atravesaron países como Zimbabue, Venezuela o Alemania en el siglo XX.






